CATÁLOGO DE DISEÑO

Jordi Falgàs

 

Hemos creado esta categoría genérica de diseño para presentar todas aquellas obras de Colomer (y de Colomer en colaboración con otros artistas) que son resultado de su trabajo como decorador, diseñador de publicidad y de muebles, e ilustrador. Es decir, son proyectos que fueron fruto de encargos o que están relacionados con su actividad profesional, a menudo con fines comerciales. No tenemos que olvidar que Colomer vivió sobre todo de este trabajo, a parte de rentas familiares, y sólo en contadas ocasiones puso sus pinturas a la venta en alguna galería de arte.

Este aspecto del quehacer de Colomer había sido muy poco investigado, y la indagación que hemos abordado ha permitido descubrir numerosos trabajos olvidados y proyectos desconocidos. De modo parecido a su trayectoria como pintor, en el caso del diseño también existe una división muy clara entre lo que hizo hasta la Guerra Civil, cuando tenía treinta años, y lo que hizo después, durante el franquismo. De su obra de juventud, no guardaba casi nada, sin embargo nos ha sido relativamente fácil encontrar testimonios visuales y catalogarla, porque a menudo trabajó en proyectos de una importante proyección pública. Así pues, los periódicos y revistas catalanes de los años de la República nos han demostrado de nuevo que son excelentes fuentes para conocer la vitalidad artística de aquel período. Ése es el caso de muchas obras que realizó en colaboración con Francesc Gallostra a su vuelta de Bruselas, en 1931. Destacan la serie de carteles que concibieron para las romerías del GEiEG y todos los trabajos relacionados con las sucesivas ediciones de la Feria Comercial y Agrícola de Girona. También hemos sacado a la luz sus primeros encargos como decoradores e interioristas, para numerosos comercios en Girona y Olot. Y en el caso de Colomer, en solitario, también hemos podido ampliar el número de obras conocidas que hizo como ilustrador para varias publicaciones.

En cambio, en el legado Colomer sí que hemos hallado una extensísima colección de dibujos y proyectos de decoración del período de la dictadura, cuando siguió trabajando como interiorista, ahora sin Gallostra. Desgraciadamente, debido a las circunstancias políticas y económicas de la posguerra, Colomer no volvió a trabajar nunca más en proyectos públicos, y todo lo que realizó fue para clientes particulares o pequeños negocios familiares, por lo que no ha quedado ni rastro en las hemerotecas. Este vacío, junto a la desgracia de que Colomer no tenía por costumbre fechar sus proyectos (como en el caso de la pintura), nos ha impedido catalogarlos con precisión. Por suerte, algunos llevan fecha, y también hemos podido localizar algunos muebles e interiores que aún se conservan, lo que permite, aunque sea vagamente, hacerse una idea de qué tipo de obra realizó durante estas décadas.

De esta vertiente de la obra de Colomer, nuevamente emerge un gran dibujante, tanto si se trataba de diseñar una silla o una mesa como de todo el mobiliario de una casa o de una tienda. El conjunto de dibujos también demuestra que conocía el oficio y podía proporcionar instrucciones técnicas muy detalladas a los industriales y artesanos que llevaban a cabo los encargos. También se puede deducir que a menudo había trabajado en condiciones precarias, y aprovechaba cualquier recorte de papel para hacer esbozos. Por encima de todo, sin embargo, también resulta obvio que Colomer intentó mantener los valores del trabajo bien hecho, la atención al detalle y el confort del usuario. Tal como declaró en 1979 a Anna Carrascal, “transformaba los espacios según las personas que tenían de vivir allí, buscando que la decoración comunicase bienestar”.

Por supuesto, la dicotomía entre el pintor que no quiere vender pinturas y el decorador que vive de los encargos no era tan clara en la vida de Colomer como nosotros la presentamos ahora, ya que todo se produjo de modo simultáneo y sincrónico. Y tal como ya hemos visto al hablar de la pintura, a Colomer le era imposible olvidarse de sus conocimientos cuando cambiaba de disciplina. Al contrario, su oficio de decorador estaba muy presente en su pintura y viceversa, y se enriquecían mutuamente, de modo parecido —y salvando las distancias— a cómo les ocurrió a algunos contemporáneos suyos, si bien lejanos, como Andy Warhol y James Rosenquist.