LA COMPRENSIÓN REAL-LÓGICA:

UNA FILOSOFÍA PARA EL DOS MIL

Pep Colomer

 

Nota: este capítulo incluye la mayor parte del libro que Pep Colomer publicó, en una autoedición, el año 1991. Concretamente, los textos corresponden a las pág. 1-56 y 121-130 de la edición original. Al transcribir los textos hemos respetado el vocabulario y la sintaxis del texto original, conscientes de que el autor utilizaba a menudo un catalán no normativo, y hemos corregido lo que eran estrictamente errores tipográficos y gramaticales.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Considero que el libro que aquí presento resulta necesario, por cuanto coincide con aquellos imperativos esenciales que nunca han sido atendidos. Y que quizás ahora empiezan a estar maduros para exigir una cierta revisión (generalizada) que aporte cambios profundos y radicales respecto a una forma de vivir muy diferente a la que siempre se ha impuesto. En la que, por primera vez, el Hombre se daría cuenta de que (en relación consigo mismo) es el Gran Desconocido. Y que, por proyección consecuente, sigue sin comprender todo lo demás que le implica.

Se trataría de una revisión que afectaría directamente a aquellos aspectos fundamentales sobre los que se sustenta nuestro sentido y nuestro vivir.

En primer lugar, y siguiendo el orden del Libro, después de unas “Reflexiones Previas”, paso a formular el “Planteo, la Concepción Filosófico-comprensiva” en la que se debería fundamentar nuestra genuina y decisiva “Razón de Ser”.

Aspecto que —como se podrá advertir— creo que aporta en sus puntos esenciales una visión inédita que he procurado que fuera demostrable y, por tanto, utilizable.

Formulando, así mismo, una concepción igualmente renovadora de la “Problemática psicoterapéutica” a nivel Humanístico y de Ascesis Personal.

Es por todas estas razones que considero que el Libro resulta válido y merece ser publicado. Y así poder expandir los valores de su mensaje.

 

 

 

PREÁMBULO FUNDAMENTAL

 

En el inicio

(si es que ha habido inicio alguno),

la Presencia del Sentido

—talmente una Isla insólita—

prosigue su vía.

 

Entre los ámbitos silenciosos

de lo Esférico Absoluto,

como fondo

siempre vigente

de un existir que se produce

(en vocación suficiente)

para hacer que la Deriva

no culmine en la “Nada”.

 

Una “Nada”

que siempre será Real

y, de hecho, un Puro Enigma.

 

Pero el Sentido

(tanto del “qué es”

como de lo que pueda ser)

se mantiene evidente

a nivel de la Conciencia.

 

La Conciencia de Comprender

que el “Acceder” no es inútil;

garantizando que el Espíritu

siempre se mantendrá vigente

a nivel de Merecimiento.

 

REFLEXIONES PREVIAS

 

Si alguna vez se nos ha ocurrido echar una ojeada en torno al “qué es”, “qué hacemos”, “qué pretendemos”, es obvio que siempre habremos extraído una cierta impresión de insatisfacción; de un precario “ir tirando” nada convincente. Ya en nosotros mismos y en los demás.

Pero también habremos podido constatar que la Naturaleza —en conjunto— se mantiene en Orden. Y que el Desorden somos nosotros —la especie humana—, los que lo vamos produciendo de manera obcecada, sistemática; en el fondo irresponsable.

Es esta constatación la que haría necesario proceder a una revisión generalizada respecto a lo que hacemos y nos proponemos y en realidad adónde vamos.

Pero el intento de aproximarnos a la Comprensión de lo que sea la Realidad (sea en el aspecto que sea) implica tener en cuenta la vigencia del conjunto existencial a nivel de lo Absoluto que parece ser.

Con lo cual se Impone referirnos a la Totalidad integral; que siempre es lo que se nos muestra en tanto que origen.

Y ésta es la cuestión prioritaria. El interrogante esencial del que derivan todos los demás: el qué somos —el porqué—, para qué fin.

Son estos interrogantes (insoslayables) los que se plantean como base de la Angustia. Indistintamente “Neurótica” o Creativa.

Y es que, como ya dijo C.G. Jung, nous ne valons que par lEssentiel. Si lon ny trouve pas daccés, la Vie est gaspillée.

De ahí la angustia —más o menos advertida o rehuida— de la propia Soledad.

Lo que conlleva que la existencia se nos plantee en la doble presencia de la Realidad, coexistiendo separada de la deriva que —precariamente— va prosiguiendo la especie humana.

Concretada en la “problemática opresiva” en la que va debatiéndose la trayectoria personal de cada uno.

Y es aquí donde radica el gran reto: que el Ser consiga asumir plenamente la Realidad, identificándose con ella de manera disponible y creativa. Y así superar el Enigma. En el que el obstáculo decisivo es el de la Subjetividad, imponiendo a cada uno una visión exclusivista, tendencialmente restrictiva de la Vida. Y así va erigiendo las barreras de la incomunicación; la del anhelo que va perdido y no encuentra en qué darse. Haciendo que a cada paso tropecemos con las trampas de lo ilusorio.

Que si bien al principio nos exalta de esperanza, muy pronto hace surgir los fantasmas de la indefectible frustración, la que nos lleva a coexistir sin convivir. Engañándonos mutuamente; haciéndonos daño tan a menudo sin querer. Confundiendo el amor con el poseer. Obsesionados con vanidades risibles, inconsistentes.

Y mientras, a nuestro alrededor, la existencia prosigue sus transformaciones dentro del “clímax” presencial de un milagro permanente. Difícilmente expresable. El de un Orden inconmovible desplegándose —indefectible— en un ritmo de alternancias que promueven y compensan la suprema trascendencia de un Sentido y una Belleza simplemente prodigiosa.

Y es esto lo que se nos escapa; aquello que sea lo Esencial. La sola motivación que daría a la Vida aquella razón de Ser por la que se justifique y merezca ser vivida.

Entregándose a ella totalmente para adorarla y servirla. A pesar de que el Enigma permanezca, de momento, irreductible.

Pero en rigor, más que de Enigma, de lo que en realidad se trata es de que:

En la base de toda posibilidad de Comprensión, se plantea la evidencia de una directa relación identificadora entre la vigencia fenoménica y el Sentido del “qué es” en cada caso y situación.

Entonces, la existencia tiene la opción de asumir aquel sentido que la orienta y la estimula a proseguir; en la conciencia de que es ilimitada. Y que nos dará (de sobra) todo lo que nos merecemos.

Se habla excesivamente. A menudo, sin ninguna necesidad; de modo inconsecuente y gratuito. Para encubrir el estorbo de la propia Vacuidad.

Un hablar que, acostumbrado a no parar, resulta que no sabe hacerlo en los momentos —excepcionales— en los que el Silencio se impone (como mínimo diferente) al hallarnos ante situaciones que desbordan la rutina habitual; aportándonos un aspecto, un sentimiento que, cuanto menos, nos desconcierta en una mezcla insólita de lo evidente y presentido difícil de asimilar. Y más aún de Comprender. Porque nos sorprende descubriéndonos, enfrentándonos con un aspecto de las cosas que no sólo ignorábamos, sino —más aún— que, sin darnos cuenta, en el fondo de nuestro Ser rehuíamos —desde siempre— de manera excedida y sistemática.

Como presintiendo un peligro o algo muy incómodo que nos convenía evitar.

Nada más y nada menos que la Presencia —obsesiva y silenciosa— Trascendente del “qué es”, y se impone —esencialmente— como siendo la genuina, inexpresable Realidad. De nosotros —de cada uno en su ser interno— y en la Imagen circundante que nos sustenta y substancia en lo que somos y estamos destinados a Ser.

Un Silencio —imprescindible— que se plantea como condición apreciable para establecer el diálogo con el Sentido Esencial.

Que no debe ser interferido y precisa ir produciendo la fluencia iniciática de sus mensajes recónditos; destilando su secreto a nivel de confidencia. Sugestivamente transmitida en la pura intuición que unifica “lo que es” con lo que “Siente”.

Nada más que con el entregarse —disponible— limitándose a Contemplar y “Dejar Ser”.

Si lo que —erróneamente— se ha venido considerando como “Sentidos” (vista, oído, gusto, olfato y tacto) fueran algo más que meras facultades perceptoras de los efectos fenoménicos, habría base para pensar que todo el mundo podría experimentar aquellas Sensaciones de naturaleza excepcional que sólo parecen ser observadas o detectadas por escasas —irrisorias— minorías.

Entonces los “Sentidos” entendidos como Órganos serían los que —ciertamente— estarían en condiciones de asumir aquellas Vivencias que, de hecho, vendrían a producirse como directos exponentes de la Significidad Inmanente, resolviéndose en formaciones coyunturales determinadas que, ya en sí mismas, se nos plantean de modo no obstante excepcional a nivel de calidad y trascendencia.

De lo cual se tendría que extraer la conclusión de que no sería la facultad de “Sentir”, la que derivaría del Órgano. Sino que, de modo muy distinto, la posibilidad de captar, de identificar la Realidad, surgiría directamente de la “Ascesis” interior que la Persona concernida llevase a cabo. Es decir, del grado y nivel de Sensibilidad y Conciencia que asuma.

Calidad o condición que —aparte de ser inherente— también se puede ver mejorada y potenciada mediante el ejercicio permanente de una “Actitud” adecuada. Aquella que consiste en mantenerse centrado; disponible y alertado para conectar las Presencias. Resolviéndose —fabulosa— en sentido de la Obra de Arte. Es decir, de una existencia abocada a la vivencia y a la creatividad espiritual sustentándose en Sensaciones, o al contrario, prosiguiéndose meramente vegetativa; a remolque de la apetencia y de la satisfacción.

Hay días o momentos en los que la situación se presenta difusa, mezclada en las distintas opciones que no acaban de advertirse y precisarse. Y uno se siente incómodo, irritable, sin que se vea un motivo que lo justifique. Son situaciones transitorias en las que nos convendría estar atentos, evitando de pronunciarse en un sentido u otro. Más que nunca aplicándose a “Dejar ser”. Intentando contemplar la deriva y la presencia de las cosas extáticas, silenciosas. Ya que es en estos momentos cuando se nos muestran de modo desusado, diferentes; en su realidad objetiva. Y no bajo el aspecto que nosotros les asignamos. Evitando, pues, de intervenir. Siendo capaces de aceptar lo que suceda como siendo pertinente y necesario dentro de los términos de lo que pueda realmente ser. Rico, no obstante, de algo imprevisible, aportándonos la sorpresa que desborde nuestros límites. Los de la visión rutinaria, subjetiva; sin entusiasmo ni anhelos. Intentando mirar al entorno como un lugar desconocido. Que es lo que es realidad. Y aplicarse en descubrirlo como la parte Complementaria que ni siquiera sospechamos.

Aquella que nos llevaría a advertir la Unidad de nosotros y de Todo como el Sentido de la Vida. Vivenciándola en su Plenitud. La del prodigio de Ser.

Una vez se ha presentido (o advertido) esta innata relación de nosotros con “lo demás”, uno no puede ya evitar hacerse la reflexión que le llevaría a preguntarse hasta qué punto sería lícito y conveniente por una parte (y posible por la otra) limitarse a proseguir —en exclusiva— la relación entre los humanos, o bien, en contrapartida, intentar profundizar en una conexión personal entre las cosas y nuestra intimidad.

Intuyendo que sería posiblemente por este camino como la Vacuidad en cada uno se diluiría; y a su vez se llenaría de un contenido ilimitado (exhaustivo) de sentido y trascendencia imprevisible, que nos elevaría a niveles insospechados de realidad y conciencia.

Mayormente cuando (ya a partir del nivel en el que nos producimos) no podemos engañarnos respecto a la exigua, irrisoria calidad creativo-espiritual que motiva y substancia nuestro vivir.

Cada vez más uniforme, reseca, programada. Promotora de la inercia —nada más que vegetativa, reactiva—, que se resuelve en la rutina, el tedio, la indiferencia; en la Vacuidad interna y la “Neurosis” consiguiente que no encuentra ninguna salida.

Da igual si “entreteniéndose” o “medicándose”. Sólo para “ir tirando”.

Y aquí estamos y así nos va. Simplemente a tientas; prosiguiendo una vida sin objeto.

Y es esto, lo que convendría revisar; intentando encontrar una respuesta al eterno interrogante del “qué somos”, del “por qué”, para “qué fin” existimos, y saber a qué atenernos.

Nada más —ni nada menos— que la respuesta suficiente y decisiva que únicamente “todo lo demás” nos puede aportar.

Una respuesta silenciosa; prodigiosamente reveladora, Presencial. Siempre vigente y efectiva.

Que no pide nada más que verse solicitada y acercada de manera confiada, disponible.

En la “Actitud” adecuada para acoger los mensajes —inefables— que —la Realidad—, eternamente, va emitiendo.

Más a fondo, por detrás y por encima de las situaciones, los fenómenos y las cosas que nos afectan o nos conmueven en varia intensidad —exaltante o admirativa—, si nos mantenemos alertados y disponibles (simplemente en estado de expectante contemplación), a menudo nos será dado acceder a un nivel de vivencia y trascendencia simplemente prodigiosas, inexpresables.

En el que todo se limita a no ser más que el soporte (extasiado) de un supremo cumplimiento insólito, inconcebible.

El del diálogo secreto de la Luz y del Silencio expandiéndose en un cántico de Belleza y Beatitud que va fluyendo y resuena revelándosenos —iniciático— como la Ascesis beatífica— al más alto Sentido de Ser.

Un Espíritu, un Sentido, que se erige y se sustenta nada más que en la Presencia enigmática; pero también acogedora, de la Vigencia Ordenada. En la que todo es posible en virtud del “Dejar Ser”.

Es decir, del poder ser, en el preciso momento en que se muestra realizable. En las condiciones estrictas en que pueda formularse de forma genuina, óptimamente creativa. En rigor, no menos que estrictamente necesaria. Pero así mismo anhelable, merecida; suficiente.

 

UNA FILOSOFÍA PARA EL DOS MIL

 

En un intento por Comprender el Origen de lo Existente, creo que (mejor que referirse a algo nada convincente y problemático) hay que atenerse a la vigencia —Inmanente, Inalterable— de la Significidad resolviéndose en función de lo Posible; como única base decisiva.

Constatando que todo lo que ella produzca no puede ser más que un “Resultado”. El del Infinito del “Todo y Nada”. Es decir, del Absoluto, disponible y simultáneo. Y tiene que ser en este ámbito de Sentido (Unicitario-Inescindible, si bien Condicionable) que la eventualidad de Ser pueda aparecer, de modo virtual y relativo.

Un campo Neutro y Potencial, resolviéndose como “Vocación de Ser”; con lo cual el Existir se justifica. Realizándose, autoexigiéndose.

En rigor, por tanto, se puede afirmar que sólo existe una Realidad. La de cada uno, la Tuya. Aquella que vives. Objetivamente sintetizada en estricto Testimonio de Sentido y de Presencia Personal.

Siendo así, resulta evidente que —de hecho— no somos más que Centralidad (Concienciadora) de lo que pueda ser el Enigma. Un Enigma que se plantea y prosigue en aquella “Opción de Ser” que sustenta la Existencia en la instancia Creativa de un supremo Cumplimiento.

Aquella que nos garantice que el esfuerzo tiene su Sentido (no será inútil) y que culmine Trascendiéndose.

Un Existir que deberá producirse absteniéndose de mirar o considerar a lo Absoluto en su Centralidad. Y, por el contrario, sólo deberá partir de la propia para mantener la Unidad de lo Total que nos sustenta; de mi Interior y del Exterior que nos circunda en infinita expansión.

Todo consiste, pues, en promover y expandir la Centralidad Propia, Personal, en el ámbito Absoluto, Inmanente, de la Significidad Esferizada. La del permanente “Todo y Nada”, polarizándose (Complementario) en los Puntos o Tendencias esenciales de los que se determina; en las formaciones (diversamente eficientes) de la Creatividad más o menos Trascendente-Ecuacionada; en Proceso de lo Existente.

Como vemos, pues, la Realidad es lo Absoluto. Y es en esto que radica el Enigma; en este Contenido (exhaustivo-indefinible) que se impone como única evidencia. A LA QUE TODO SER (toda especie posible de existencia) se encuentra subordinado y obedece su “Ley”; la de la Organicidad de los factores Contrapuestos.

Siendo así, existir presupone mantenerse en permanente atención. Para no perder el contacto con el Sentido Esencial. Que a cada instante se transforma prosiguiendo su Proceso de constante renovación. Que además es Personal, exclusiva, no transferible, en cada cosa, en cada Ser, destinado a Realizarse (ilimitado) en aquello que siempre es Posible; la constante realización —en todos los aspectos y niveles— en sentido de Perfección; es decir, de la “Obra de Arte”. Que exige ser Personal. Simplemente Unitaria.

Y es así como lo Absoluto se va realizando; en términos de Total.

Conceptuado de esta forma, resulta evidente que Todo (existencial-colectivamente) exige ser revisado. Puesto que vivimos y nos atenemos a un conjunto de hábitos, conveniencias e intereses básicamente discutibles. Imponiéndosenos como “Normas” que se deberían denunciar y tratar de superar.

Ya a partir de los planteamientos fundamentales (Cultura-Orden-Economía, etc.). En un intento de dotar a la Existencia de un Sentido Creativo y suficiente que pudiera justificarla y, además, promocionarla en constante superación. Un Sentido plenamente justificado en el esfuerzo que nos exija. Vivenciando la Realidad advirtiendo —como ya hemos dicho— que de lo que en rigor se trata es de un Enigma que exige y presupone una “Actitud” de búsqueda y Vocación. Accediendo a ella para realizarse en Plenitud Personal, Unitaria.

Se tiene que concluir, por lo tanto, que el Objetivo esencial debe consistir en “Sentir”. No ya en el Hombre solamente: en toda cosa. Pero este “Sentir” resulta una gradación (ilimitada) que se extiende desde lo más inmediato y restringido a lo Total Absoluto.

“Sentir”, pues, sería un Arte, el “Arte” supremo de combinar lo existente para hacerse revelador de su contenido vigente; de modo Creativo.

Pero el “Arte” —ya es de sobras sabido— es siempre lo más difícil. Todo el mundo, pues, debería ser un Artista (de la Vida), Vivenciándola intensamente como una experiencia única, y hacerla comunicable. Intercambiándola, a fin de compensar las deficiencias que cada uno (toda cosa) puede tener; de manera generosa, comprensiva.

Y es sólo así como el Existir obtendría su Sentido, su “Razón de Ser”; suficiente, irrenunciable. Una “Actitud” impecable que exige —indefectible— el propio Merecimiento.

En rigor, una cuestión de estricta Sensibilidad. En la que el Ser intenta detectar aquello que en realidad pueda ser. El Eterno Enigma de siempre. No sabiendo si es ilusorio o real. Pero lo que cuenta —tiene que contar— es la “Actitud” Vocacional, orientada a permanecer Creativa.

Y eso es Todo lo que se puede hacer. Asumiéndolo de manera responsable, Religiosa. Presintiendo que la Vida no se produce inútilmente; que hemos venido aquí para hacer algo, que todavía nunca ha existido. Lo que es más que suficiente. Planteándose en “Puro Enigma”; el del “Qué Es”, el del “Cómo”, para “Qué Finalidad”. Per llegar a descubrir que el estricto hecho de Ser será siempre —por sí mismo— ya un Prodigio inexpresable.

Simplemente ni más ni menos que una “Ascesis” del Espíritu. En la que el Ser (o todo cuanto se va produciendo) se tiene que limitar a “Sentir”; para detectar y asumir “lo que Es” transformándose constantemente.

Y a partir de sus Sensaciones —genuinas, personales— aplicarse en “acceder” para poder realizarse.

Un “Orden” que se fundamenta en la doble tendencialidad —Complementaria— con objeto de poder cumplir la exigencia de Absoluto; es decir, del Total (posible o determinable), resolviéndose en todo momento en Ecuación de Sentido. O, mejor aún, de Presencia.

Ecuación fundamentada en la discriminación de los factores formalizantes. Esto es: un factor Prioritario, otro Destacado, otro […] y otro Neutralizado. Cuatro factores irreemplazables para los que se plantea (en todas las situaciones) la Presencia del “Qué Es” o se determina. Y, por tanto, de su Sentido. Evolutivo, variable.

Y es sobre esta base que se precisan y concretan las diversas Condiciones que la Presencia plantea en cuatro grupos distintos: Unidad, Discriminación, Complementariedad y Asimilación.

Por consiguiente, Todos (cada uno), tal como debe suceder en las otras cosas, tendríamos que producirnos y Comprender en función del “Orden” estricto.

Un producirse, expandirse y extinguirse existencialmente, donde el Morir no podría ser más que una fase del Proceso Transformativo en el que mantiene al Enigma.

Pero para el Ser (para toda cosa), si se accede a él, con la Existencia, tal como es, es suficiente para obtener el Sentido que lo justifique. Un proseguir en el que todo es posible (además de imprevisible).

Que cada uno tiene que ir descubriendo por sí mismo; en tanto que instancia suprema.

No puede ser cuestión de ningún tipo de “Reencarnación”. Lo que se impone es Ser; lo mejor que pueda ser. Y la Existencia vivida (en la medida en que se produzca) no dejará de ejercer —en ocasiones sucesivas— las calidades de la Ascesis vivenciada en etapas precedentes.

Lo que cuenta, por tanto, es atenerse plenamente a la Vivencia que se produce por el contenido (Unicitario-Personal) promoviendo la Integración de la Periferia al Centro.

Una gradación calificadora en la que la Existencia (en toda cosa, a todos los niveles) se va produciendo sintetizada en varias gradaciones de Vigencia y Plenitud. Sin que nada intervenga fuera del “Orden” vigente.

Produciéndonos a remolque de su deriva azarosa; humanamente insensible. En la que sólo se ve una alternativa posible: la de resignarse a seguir y obedecer sin ningún tipo de exigencia (simplemente reaccionando) o bien responsabilizándose concienciándose.

Porque, en el fondo, de lo que se trata es de que la Existencia se ejerza de manera Creativa; impartiéndole un sentido propio de exhaustiva Plenitud. Orientándola de modo Impecable y Disponible; para hacer (o para no hacer) lo que se “sienta” que tiene que ser; en instancia genuina.

Lo que nos llevaría a concluir que la justa captación reveladora, iniciática, no podría producirse sino como un puro hecho, inefable, espiritual. A pesar de que una ínfima, irrisoria minoría pueda en cierto modo presentirlo.

Planteándose en tanto que exponente capital de una realidad que únicamente a este nivel alcanza la facultad de mostrársenos en los términos excepcionales de una suprema integración armónicamente coordinada. Religiosa.

Respecto a la que la inadvertencia, la inconsideración, sólo pueden ser aumentadas por lo que demasiado bien sabemos que no deja de ser una evidencia decepcionante: que, a pesar de la ingenua pretensión de determinarse a un nivel de suprema primacía, el hombre —genéricamente— sólo dispone y se sirve de un genuino imperativo sensible-espiritual que lo mueva a “sentir” y a crear en los términos y en función de “la Obra de Arte”.

Y es así como una existencia que por principio (nutritivo-concienciador) debería ejercerse fundamentada en una constante, irrenunciable “Sensación” (vivenciadora, alertada y responsable), a la inversa se desvía —obsesiva— a remolque de lo que se desea, de lo que se hace, de lo que se teme, de lo que se rehúye, etc.

Lo que produce los funestos resultados de un desencanto y la “Crisis” consiguiente que todos conocemos; que sólo podrían ser evitados o superados no precisamente “distrayéndose” o “medicándose”. Sino, muy al contrario, intentando Comprender y adecuarse nada más que a partir de uno mismo.

Promoviendo así una prácticamente ilimitada gradación “concienciadora” como único objetivo prioritario. Convencido de que en términos de autorealización ésta radicaría en mantenerse en un estado interno de Impecabilidad que determinaría la consiguiente distensión disponibilizadora. En la que toda forma de impulsividad, de apetencia, intolerancia, etc. se encontraría desasistida. Intuyendo a cada instante el Sentido correspondiente.

Ya que es siempre la íntima sensación de “estar en falso” la que nos impone la precaria “Actitud” y la Conducta; sin encontrar nunca la medida exacta que la situación requiere.

Tiene que ser, pues, la Impecabilidad, la que se constituya en la “causa primera” del Desorden cuando es ignorada. La única que, de manera callada, inadvertida, produce el gran milagro: el de crear el Orden y el Sentido a todos los niveles.

Orden o Desorden que en la práctica corresponden a los conceptos de Ascesis o de Deriva; (hacia Arriba o hacia Abajo) en relación directa al Sentido y la Expresión; Trascendente o efectiva según sea la Ecuación.

“Ascesis”: renunciamiento y contención, en función desinteresada al servicio de lo mejor. Más realizado, por cuanto se plantea como más simple y más difícil.

Deriva; apetencia incontenida, exclusivista. Tanto más vacua e inconsistente cuanto más fácil y confusa se nos presente. Una y otra decisivamente subordinadas a las nociones de la Impecabilidad y su Merecimiento consiguiente. Por tanto, si se está convencido de que la existencia sólo puede ser obra de la Divinidad, ya por principio presupone una irreverencia el solo hecho de intentar la más mínima búsqueda indagadora. Pero si, en lo Opuesto, lo que en el fondo se “siente” es la evidencia de un Enigma en el que nada parece comprensible y asequible, entonces, creo que no solamente es lícito todo intento de búsqueda aclaradora, sino que tenga que ser esta “Ascesis” la que responsablemente justifique el hecho de Ser.

En consecuencia, es evidente que no pudiendo ya servirnos del método reflexivo y deductivo que considera los planteamientos en sus aspectos y condiciones particularizadores, la pertinente percepción y elucidación de qué sea “lo real” se debería resolver imponiéndonos una total y profunda revisión de lo que hasta hoy hemos ido aceptando y hemos utilizado como si fuera válido. Confundiéndolo a menudo con lo que se considera como ya relativamente conocido y conveniente.

Revisión que sólo sería posible aplicándose a ella con la justa “Actitud” que se necesita. Abocada en captar la Sensación que surge trascendiendo la Presencia.

Lo que comporta que lejos del “cogito, por tanto soy”, yo postule un axioma distinto: que “si Soy, siento, por tanto Es”, como norma Comprensivo-Creativa de vigencia y eficacia ilimitadas.

En este sentido voy constatando que, por suerte, cada día sé menos cosas; por el hecho de que la memoria me falla y también quizás porque no tengo el más mínimo interés en ir acumulando conocimientos (los que sean) a ningún nivel ni en ningún aspecto. Lo que no me preocupa en absoluto; ya que más bien lo considero como una liberación.

En contrapartida, lo que sí tengo es un interés progresivo en poder comprenderlo todo; puesto que todo se encuentra íntimamente relacionado. Y lo que se impone es irlo asimilando en los términos y en el sentido en que se plantee.

Ateniéndonos a la evidencia de que todo es diferente, y suerte que es así; ya que de no serlo, la Existencia no tendría ningún sentido ni sería posible.

Pero toda esta prodigiosa diversidad de Vocaciones y de Aptitudes (más o menos interesadas o impuestas “Real-lógicamente”) tendría que contar con una instancia superior que por encima de todas aportara la garantía de un nivel de contenido trascendente que les daría validez por igual en términos de Realización.

Un nivel íntimo, genuino, por el que Todo —sin excepción— detentaría una facultad de Sensibilización y aspiración Creativa que mostraría la evidencia que es el Sentido, lo que tiene que contar como premisa decisiva.

Y que la Expresión se justifica también (plenamente indispensable) en su diversidad adecuadora.

Pero no a la inversa como suele suceder; manteniendo la prioridad y suplantando al Sentido irrenunciable. Lo que sustenta, hace efectiva, la Organicidad coexistente de todo cuanto Es.

Cierto que el Orden y el Desorden coexisten (tal como sostiene el Taoísmo), pero no equivalentes. Sino, muy al contrario, el Desorden se halla necesariamente subordinado al Orden.

Sólo cuando el Orden quiebra (es desatendido) hay lugar y ocasión para que el Desorden se produzca. Puede afirmarse, por tanto, que el Desorden nunca podría ser Objetivo.

Un indicio suficiente para instar y orientar la Actitud y la Actuación de manera positiva.

En el sentido de que si las cosas se hacen bien, como consecuencia directa salen bien, y si se hacen mal, también salen mal.

Claro que se pueden hacer mal sin advertirlo. Entonces el asunto ya entra en el juego en el que interviene el Merecimiento. Y en este caso concreto, la Realidad suele dar otra oportunidad para hacer las cosas bien.

Lo que pre-exige actuar Disponiblemente de forma Honesta ya desde el Principio. Y proseguir así hasta el final. Absteniéndose de adentrarse en la vía Subjetiva.

Aquella que nos lleva a intervenir a remolque de una tendencia, de un anhelo o una apetencia interesada, No “sentida”. Obedeciendo a una motivación que se desvía del que debe ser el Objetivo adecuado. Y éste parece ser el interjuego permanente de la Vida; un Circuito —infinito— de Sentido Trascendente, que se inicia y culmina —alternativo— siempre en torno al Enigma. Que, como todo, es relativo.

Así pues, si uno se aplica en Empezar por el “Puro Comienzo” interrogando al “¿Qué Soy”, al “¿Por Qué?” y al “¿Para Hacer Qué?”, se desviará del camino si es que intenta hallar en él una respuesta. La respuesta —el resultado— irá surgiendo espontánea —por sí sola— a medida que la Ascesis vaya haciendo su camino; largo o corto. No se puede saber.

Por consiguiente lo que cuenta no es obtener las respuestas; sino —nada más— que se vayan produciendo. Y, mientras, es el proceso de la Ascesis el que se muestra efectivo en varios resultados, a remolque de la Actitud y la Actuación; las justas, las pertinentes, para que el Proceso se realice.

Atenerse en captar las Sensaciones y, con ellas, la Realidad, de cada instante, de toda cosa, con objeto de que el Ser se realice.

El Ser Realizado; aquel que, Consciente, se limitaría a adecuarse en estricto imperativo de Sentido y de Instancia Creativa, Religiosa. Asumiendo el Orden Integral vivenciándolo quietamente; Impecable y Disponible al servicio del Supremo Cumplimiento.

Ejerciendo en su entorno una influencia espontánea —no forzada— que expandiría un “Clima” de Nobleza y Eficiencia en función de Calidad.

Suficiente para conseguir un convivir generoso y genuino, manteniéndose en un nivel de vocación y exigencia contenida, comprensiva; resolviéndose en Obra de Arte.

Una Realización que, en términos efectivos, pondría en primer plano al Imperativo de Conciencia.

La del Ser propio y el Inicio —radical— en el que Todo se promueve y determina en estricta Unicidad. Destinada a realizarse en Trascendencia exhaustiva.

Hacemos del Mundo y lo Existente el exponente —armonizado— de la Posibilidad, produciéndose —suficiente— al servicio de lo Absoluto. Aboliendo así el Enigma; lo que se produce sólo cuando decide el Desorden; obcecado y ventajista. Irresponsable, simplemente.

La Conciencia, pues, no es nada más que el “testimonio” que constata “lo que es” vivenciándolo de modo exhaustivo y simultáneo.

Un simple “Sentir Climático” (espontáneo-disponible) de la Realidad vigente. Advirtiendo la Tendencia que comporta y, por tanto, las Condiciones en las que se plantea.

Por otra parte, todo resulta necesario; tanto da si es positivo o negativo.

Siendo así, el existir se demuestra lo bastante motivado a pesar de las dificultades que pre-comporta. Y que en el fondo resultan un aliciente para poder superarse. Y así llegar a acceder a un nivel de cumplimiento.

Nada más que la constante ocasión para que lo Posible se produzca en instancia y en vigencia inalterables de armonía y Plenitud.

Así, en definitiva, a nivel esencial de Vivencia Concienciada, la base de la Actitud consistiría en “Sentirse Ser el Centro”. Y, desde ahí, asumir plenamente la infinita Discriminación de lo Existente Esferizado.

Se trataría de una “Actitud” fundamental que permitiría afrontar y explorar cualquier tipo de posible Problemática. Mayormente al ser aplicada en función Concienciadora-Terapéutica de alteraciones Neuropsíquicas.

Un Proceso “real-lógico” sistemático que a partir de un nivel no determinado aún pudiera (permitirse) no obstante apoyarse en él para establecer la naturaleza y la eficacia de los factores perturbadores.

Entendida de ese modo, la Realidad es y no puede dejar de Ser (en tanto que debe presuponer la totalidad de lo Absoluto) que es sinónimo de Presencia. Lo que conlleva que ni la Ciencia ni la Religión puedan acceder a la Comprensión Integral. En tanto que una y otra (en sentidos contrapuestos) prescinden de una parte del Contenido escindiéndolo en dos mitades. Que si bien parecen aceptarse (o mejor dicho aún, tolerarse) por cuanto resulta inevitable, creativamente no se sirven de ello para nada.

Y éste es el gran error. Ya que sólo se puede hacer referencia a lo “real” en tanto que Unidad. Unidad de lo Total inescindible; si bien constituyéndose (jerárquicamente ecuacionada) en relación Prioritaria. Planteándose en estricta Presencia Trascendente que culmina en puro Espíritu.

Y ésta es —debe ser— la Objetiva “Actitud” de la Conciencia. La de asumir —al unísono— indistintamente lo Trascendente o lo Superfluo como partes de lo Existente. Realizándose —autoexigiéndose— en función de Vigencia y calidad —contrapuestas— y, por tanto, Complementarias.

Siendo así, Todo cuanto es sólo es una consecuencia. Y antes, o bien no hay Nada, o bien se puede establecer una “Causa Primera”; motivadora de los efectos fenoménicos resultantes.

Por tanto, si queremos comprender “lo que es”, no tenemos otra opción que comenzar por el puro comienzo.

Ateniéndonos a considerar que la experiencia nos muestra una y otra vez que sólo existe una realidad; aquella que puede ser percibida (de la forma que sea) por cada cosa.

Partiendo de la base de considerar que también cada uno, cada cosa, es único en sí mismo. Lo que conlleva que los otros seres, las otras cosas (todo cuanto sucede), son, tienen que ser siempre, algo sobrevenido, entendido en tanto que en relación con el propio Ser. Destinado a ser considerado (aceptado, rechazado o, mejor aún, adecuado) desde el nivel del “sentir” propio.

El factor determinante tiene que ser el propio “Sentir”. Y es sólo en función del “Sentir” que el Hombre Es y se muestra capacitado para acceder y realizarse en aquello a lo que está destinado a ser. Que cada uno tiene que descubrir si se aplica a “sentir”; de instante en instante, Toda la Vida.

El primer paso, pues, para una posible —imprescindible— Comprensión radica en advertir hasta qué punto todo el mundo y cada uno en particular se encuentra condicionado por el complejo anónimo, arbitrario, de la coexistencia colectivo-social.

Pero lo que cuenta consiste en afirmarse, profundizarse, en la propia Vocación; el factor que garantice la vigencia de la “Ascesis” Creativa.

Que, de hecho, se concreta en las condiciones efectivas del Sentido Presencial, Resolviéndose —Ecuacionadas— en Trascendencia Sensible.

Para hacer de la Existencia —en todo momento— simplemente una Obra de Arte (en todos los aspectos y niveles). Que justifique la Vida (azarosa, imprevisible) en los términos de un Prodigio permanente.

En rigor, todo se reduce a un problema de Actitud fundamental; la de mantenerse Disponible. Limitándose a constatar; y lo que tenga que ser, será en la medida y el sentido que correspondan, Creativo.

Resultando evidente que la Filosofía que sugiero debe ser la que corresponda al Segundo Milenio que se acerca. En éste, todo tiende y está promovido para mantener una suprema Actividad. Que en el fondo no tiene Sentido en ningún aspecto.

En mi concepción, a la inversa (yo diría salutífera), preconizo la atenta Inmovilidad, creadora de los Milagros.

Lo que me parece suficiente para hacer que el vivir resulte una aventura escogida. Intensamente proseguida a cada instante, siempre pendiente del Prodigio. Nada más que plenamente dispuestos para acogerlo y servirlo de modo admirativo, Religioso. Mereciéndolo simplemente. Asumiendo “lo que es” y se va siendo, absteniéndose de intervenir en lo más mínimo.

En definitiva, se trataría de la Significidad —Esferizada— que se expande del Centro a la Periferia. Del Centro difuso, sugerible, esencial, a una Periferia designable, concretable y efectiva.

Produciendo (existencialmente) las situaciones y los resultados consecuentes en toda cosa y en cada uno. En Sentido y en función Absolutos, Unitarios, Personales.

Y es así como el Ser (toda cosa), Distendiéndose, se adecua y Accede para poder Ser.

Es decir, del Enigma del Inicio, se va transformando —evolutiva— resolviéndose en Puro Espíritu. Un reservorio (inmanente) al margen del espacio y el tiempo.

Pero la “Clave” de la suprema Comprensión radica en advertir que, si bien los “Resultados” son infinitos, en contrapartida, la Causa que los determina es sólo Una.

Aquella que la Realidad va decidiendo a cada instante en virtud del interjuego Absoluto; produciéndose en función Complementaria entre los términos Opuestos. Obedeciendo al Objetivo Prioritario que promueve el planteamiento de lo Existente, adecuándose constantemente en Ecuación de Sentido y de Presencia. Vigencial, reveladora.

En principio, pues, en todo cuanto se produce (el Hombre incluido) la Existencia parte de unos factores mínimos, esenciales, desde los que va prosiguiéndose y se transforma constantemente.

Pero a los milenios posibles, en el infinito de los Tiempos transcurridos desde el Inicio, no parece que en lo fundamental se hayan producido cambios decisivos. Más bien sería que las Condiciones y la Estructura del Origen han venido subsistiendo inalteradas.

Cierto que la Vida del Hombre ha registrado transformaciones importantes de Eficacia y Conocimiento. Pero, en el fondo, a nivel de lo Psíquico Personal, todo lleva a pensar que sigue manteniéndose igual.

Subsistiendo la indefectible “problemática” imponiéndose en todo. Constituyendo una costumbre que se demuestra inamovible y, en el fondo, quizás, de hecho acomodaticia, aprovechada. Reacia por principio a todo cambio sustancial.

Mayormente si, de base, ya presupone un esfuerzo y también el renunciar a unas rutinas más o menos concienciadas.

Lo que llevaría a pensar que pretender o esperar que el Ser Humano emprenda una Revisión decisiva, radical, para transformar su vivir en sentido de mejora decisiva no se ve factible; en ningún aspecto. Imperativos y propósitos que, desde siempre, han quedado en estricta teoría. Cambiada, renovada, sí; pero siempre inefectiva en sentido general o colectivo.

Siendo así, lo único que cuenta es la insólita excepción de la Ascesis Individual.

En estas condiciones, si la Existencia Personal se demuestra —en tendencia Unitaria— desligada del entorno convencional, no puede por menos que descubrirse así mismo Aislada; incomprendida y muy a menudo rechazada. Tanto si hace, como si no hace.

Puesto que siempre presupone y pre-comporta unos resultados diferentes a los que la realidad Colectivo-Social difícilmente puede admitir. Y ésta suele ser la suerte —azarosa, imprevisible— que predomina sobre aquellos que actúan o se producen de modo Creativo.

Un tener que actuar y proseguir de modo aislado, sí, pero en el fondo irrenunciablemente anhelado, esperanzado; ateniéndose a seguir “Sintiendo” y cooperando; Descubriendo y asumiendo el Sentido Esencial, vivenciándolo y trascendiéndolo en Milagro permanente.

Y es que al Ser Humano (seguramente como Especie de excepción), la Actitud y la Conducta que desde el Inicio eligió, le orientaron (desviándolo) a desprenderse del Sentido Instintivo-predominante, que nunca ha dejado de imponerse en las otras formaciones (en el Animal y la Planta por ejemplo).

Está claro y es cierto, sin ninguna duda, que únicamente haciéndolo de ese modo podía esperar acceder a un nivel de experiencia y conocimiento que aportara la garantía de unos resultados destinados a producir una máxima eficiencia. (La de la Ciencia y la Técnica que dominan por todas partes.) Y ésta es la situación (ciertamente sorprendente, excepcional) que ha llegado a conseguir.

Pero lo que sigue intacto sigue siendo el Enigma. Y ésta es la Realidad; la cuestión fundamental que no se ve o se elude. Aquella que exigiría una “Ascesis” en términos de lo Total; Absoluto, inescindible.

Que aporte un Sentido al Ser y nos aclare el Enigma. Una “Ascesis” que, al unísono se atendría a lo Instintivo-Intuitivo y a lo Reflexivo-Deducible. Integrándolos en Unidad de Percepción y Comprensión.

Una Existencia en la que la Personalidad, absorbida y condicionada por las tendencias y premisas de lo Colectivo-Social, se produce agitada y obsesionada; persiguiendo unos objetivos ilusorios, frustrantes. Que le privan de advertir y tener en cuenta a la realidad efectiva; en referencia al Sentido y a su resultado final.

Y es así como va siguiendo una deriva inconsciente, irresponsable, a remolque de un “progreso” ilusorio, alienante, que con la obsesión de conquista y preeminencia insaciables, consume y va anulando las reservas sustanciales (las de Oxígeno, por ejemplo) con que la Vida se sustenta. Y va quedando así mismo intervenida, oprimida, por la actuación subterránea, encubierta, de toda especie de artificios, controladores o delatores, de unos sistemas constantemente perfeccionados. De eficacia y fineza insospechables.

La Vida, pues, socialmente, da pocas satisfacciones. Un circuito cerrado, exclusivista, produciendo la panorámica deprimente de un convivir frustrante sustentado sobre el Desorden.

Lo que resalta de la “Actitud” y la Actuación al producirse a remolque de apetencias ventajosas, arbitrarias. En las que nadie hace nada para mantener una Unidad sustentada —ya desde la base— en el propio Merecimiento. Que vea en la Convivencia un patrimonio común. Dentro de una igualdad de Derechos (y también de Obligaciones) resolviéndose en instancia Creativa, Trascendente. Ateniéndose impunemente a que muy pocos privilegiados detenten todo el Poder y la Riqueza de modo arbitrario y exclusivo; éticamente inhumano. Con el consentimiento indiferente (influido, adoctrinado, sistemáticamente alienado) de la inmensa mayoría.

En esta situación, “¿qué sentido tiene vivir juntos?”. Pretendiendo presentar una Sociedad basada en la ayuda mutua. Que no demuestra tener otra finalidad que la más implacable y descarada explotación como único Objetivo. Un vivir rutinario que evita tomar Conciencia de una vacuidad interna; sin entusiasmo ni anhelos. En consecuencia, la Realidad presupone siempre la totalidad coyuntural de lo que se plantea a cada instante; tanto aquello detectable fenoménico, evidente, como aquello que sólo puede captarse —sutilmente— de manera nada más que intuitiva, insinuada.

Proveniente —ilimitada— de los espacios más remotos o inmediatos… (únicamente vivenciables a nivel de la Presencia). Como un misterio o un Sueño; ¡presentimiento o pesadumbre de que sabemos…!

Pero que siempre es diferente (es otra cosa) de lo que “se ve”, de lo que se comenta.

Siempre, en el fondo, un Milagro; Apasionante y añorable. De algo nada más que presentido.

Por tanto, mientras que la percepción Sensitivo-Presencial es (en la medida en que es espontánea, disponible) la que corresponde al Objetivo, la consideración Físico-fenoménica es (en tanto que condicionadamente deducida) la que se produce de manera Subjetiva. La Primera se refiere al Sentido. La Segunda es la que se manifiesta en función de la Apariencia. En consecuencia, la asignación del Valor-Real en cada caso (en tanto que resalta directamente del Sentido) tiene que ser siempre una atribución definitiva, inalterable.

El error es que se confunde siempre la Significidad (el Contenido Real) con las Condiciones contingentes que la determinan a nivel de la Apariencia.

Por tanto, en relación al Sentido, la estricta Valoración de lo Real en cada caso se debe hacer al margen y por encima de los Condicionamientos inherentes al Fenómeno Aparente. Que no son más que un mero aspecto relativo y transitorio, si bien necesario.

De base, pues, lo que se impone es atenerse a un Contenido Esencial que, en tanto que es Absoluto, se erige en Posibilidad; determinable, exhaustiva. Es decir, de Sentido que Trasciende en Unidad de Presencia; aquí, como la noción de Realidad —Existenciada— (es decir, Condicionada, Fenoménica), puede tener ocasión de Ser. Pero nada más que transitoria, relativa. Sometida a la inconsistencia de hallarse sustentada en términos de Espacio y Tiempo.

Como vemos, es a nivel de la Posibilidad de que Todo (en Absoluto) permanezca inminente, virtual, determinable.

Y que sólo es en términos de existencia que se produce el interjuego de unas cosas con otras.

Un interjuego que, si bien en condiciones diferentes resulta ser ilimitado (tanto en conjunto como por la cosa en sí misma), en lo Esencial produce una relación Organicista; que mantiene un estado de equilibrio espontáneo, permanente. Lo que haría que, de no verse intervenida por la acción parcial de ningún aspecto, la Existencia se mantuviera indefinidamente inalterada.

Intervención que produce los distintos estados de predominio o servidumbre; de incrementación o de anulación diversamente parcial o generalizada (Fenoménica o Potencial).

Que a su vez, a nivel de Sentido, se regulan y equilibran automáticamente.

Es, pues, siempre la intervención existencial (de los aspectos o factores determinados) la que promueve la alteración. Efectiva, sí, pero (en cierto modo) motivadora del Desorden; más o menos relativo y transitorio.

Siendo así, el mantenimiento de un posible Equilibrio Positivo exigiría —por principio— la aceptación comprensiva de una “Actitud” y Actuación (Normativa) de todo Ser y toda Cosa (Proceso de distensión). Que si bien no dejaría de aspirar a una constante progresión y eficacia evolutivas, no perdería jamás de vista al imperativo —irrenunciable— de un Proceso Creativo Armonizado.

Realizándose como resultado espontáneo de la interacción; produciéndose en exigencia de Sentido y Trascendencia integradora, en la que la Realidad —en formación de Existencia— se constituye (dentro del ámbito exhaustivo de la Significidad) en Orden de Prioridad Absoluta, Esferizada. Se trata siempre de una doble Prioridad: la de los términos en sí y la de su interrelación constitutiva. Discriminándose y destacándose —Presencialmente— en sentido de Ecuación. Condicionada. Respecto a la cual serían las múltiples Condiciones en las que los factores se plantean las que promoverían la adecuada Ordenación del Sentido que se determina.

Pero, en rigor, considero que el hecho de Ser debe consistir en Servir y Dar, en el Sentido de la propia Unicidad; creativa, Personal. Cooperando en lo Total.

Y es éste el Prodigio que el Existir (aunque sea un Enigma) puede aportar a la Vida; con lo cual la justifica. Volviéndola más necesaria, indispensable, suficiente.

Concentración Central (Integración Creativa).

Expansión Periférica (Liberación Distensiva).

Vemos, pues, que advertir la Realidad presupondría (por principio) asumirla, a nivel de la Presencia, en términos de Sensación.

Afrontándola con anhelo de Comprensión y no de Conocimiento; parcial e inconsistente.

Vivenciándola, espontánea, intuitiva, en aquella consideración que sobresale de nuestra genuina Unicidad. Que al no ser intervenida, se mantendrá susceptible de establecer la directa conexión con lo que “realmente Es” de manera Objetivada.

Lo que no es posible a remolque de la posición convencional (Subjetiva) de nuestras actitudes, criterios e imperativos. Y exige ser Revisada; no solamente por cuanto resulta errónea, sino, más aún, negativamente interesada; conflictiva e insuficiente a todos los niveles.

Siendo así, una Revisión (fundamental) de la Enseñanza y la Formación Educativa creo que debería abordarse de forma inédita; aquella que la llevaría a sustentarse —de manera Creativa— en función de la Obra de Arte.

Entendiendo que, lejos de tratarse —como siempre ha venido siendo— de una disciplina minoritaria, “elitizada”, convendría que se expandiese y pudiera influir —de manera decisiva— a todos los niveles, ya que considero que una de las cosas que reportaría consecuencias positivas, decisorias, sería aplicarse en que todo el mundo —sin excepción— tuviera un acceso directo a los imperativos y objetivos que plantea la Obra de Arte. Tanto en sentido de Vocación como de realización o de mera Comprensión.

Entonces, ser Artista, mucho más que una Profesión, sería un imperativo que aportaría un anhelo a la Vida, una vivencia de suprema Calidad y Plenitud, superior a cualquier otra.

Por el mero hecho de que, aunque no se ejerciera directamente, impondría su exigencia de Sentido, de Trascendencia y de Ascesis Normativa.

Ateniéndonos a que la Realidad es lo Absoluto, la Nada o la Totalidad determinables, simultáneas, y por consiguiente inescindibles, podríamos decir, pues, que todo es lo mismo y percibe lo mismo; sí, evidentemente, pero de forma (en conjunción integradora) variada. Siguiendo los imperativos de la propia Entidad Personal, Unitaria; la que corresponde a su “Punto” preciso de Ubicación (dentro del ámbito Presencial-Significante Esferizado) de todo lo que se manifiesta.

Y es esta Unicidad (esta imperativa “Vocación de Ser”) lo único que promueve y justifica la Existencia ensalzándola y sublimándola a nivel de inédita Plenitud. Existencialmente Complementada.

Lo que se impone, pues, es atenerse siempre —en todo instante— Sensiblemente sintetizado y disponible. Para vivir y para Ser (Creativamente) lo que el destino exige que tenga que Ser.

Es así como toda especie de problemática quedaría reducida a un simple planteamiento resolutorio. El que estableciera el Sentido pertinente en cada caso a partir de un Exceso o una Carencia, más o menos acentuada. Percibida, íntimamente “Sentida”, ateniéndose a la genuina Unicidad de cada uno. Siempre inédita, reveladoramente informativa. Imprescindible y válida para todos.

Es decir, se trataría —en todos los casos— de Formar, de Educar, de Orientar a la Entidad Personal ya desde los primeros momentos, regulando y dirigiendo los imperativos instintivos o voluntarios, adecuándolos a una línea responsable y eficiente.

Aplicándose en promover —a todo nivel— un “Clima” ambiental. Tanto si se trata de un niño como de un Adulto. De Sentido y Trascendencia Creativa. Enfrentándolo —todo cuanto sea posible— con su propia iniciativa y aptitud de decisión.

Evitando infundirle una influencia; promotora de hábitos que más tarde o más temprano se muestren limitativos. Muy a menudo —a la larga— de manera insuperable.

Y aplicarse en despertar en el niño o en el Adulto un Amor propio variable y un anhelo de independencia generosa, comprensiva, ilusionada.

Más, pues (muy diferentemente), que de una “problemática” relación entre Padres e Hijos, creo que lo que se impone es un imperativo de armonizada y solidaria Convivencia sustentada en la comprensiva Cooperación generalizada.

Considerando que para educar a los Hijos se debería empezar por Educar a los Padres. ¿En qué sentido? En aquél que básicamente los viniera a Liberar. Liberar de todo el fardo de influencias Colectivo-sociales y, sobre todo, de la propia “Actitud”; a menudo deficiente y en muchos casos negativa.

Lo que presupondría una Revisión Total de lo que se piensa y a lo que se tiende. Aplicándose en comprobarlo en la práctica.

Comenzando por el puro Comienzo. Es decir, el del Origen Esencial y el de la Realidad.

Intentando discernir el “Qué Somos” el “Por qué” y el “Para Hacer Qué”, en los términos de la propia Unicidad; de tota cosa y cada uno. Inédita, NO-Transferible.

Entonces, si se tiene que vivir nada más que a partir de uno mismo (de la propia Unicidad), deberá hacerse alertado y disponible; para vivir, para “Sentir” —en permanencia— el Presente; que de instante en instante se determina y se transforma.

Sin que esto presuponga vivir al margen de la gente y del resto. Sino, precisamente, todo lo contrario. Es decir, siendo Consciente para cooperar con ella y servirse de ello.

Y será produciéndose y ateniéndose a los propios imperativos prioritarios como la existencia —de modo espontáneo, natural— se mostrará Positiva y Creativa. Promotora de Sentido y Trascendencia. Resolviéndose en Obra de Arte.

Siendo así, cada uno detentaría —ya de base— una Visión concienciada, genuina, original, inherente al propio Ser. Con lo que se puede constatar que para el Ser Humano es una suerte —fabulosa— que la Existencia, la Realidad, sea un Enigma.

Ya que, de no serlo, entonces resultaría evidente hasta qué punto el existir (Personal y colectivo) demuestra ser precario; sin norma ni Sentido que lo substancie y merezca, justifique, sacrifique, y la angustia que comporta a cada paso.

Conviene, pues —se impone—, un bagaje nada ligero de ilusión y esperanza a toda prueba, para mantener en este “Clima” a un espíritu que —por sí solo— se sustente en instancia Creativa.

Llevándonos a superar la visión rutinaria, frustrante; para hacer vivir y “Acceder” a un anhelo de Plenitud que —por sí solo— se realice autoexigiéndose.

Y tendrá que ser entonces (cuando ya nada gratuito pueda esperarse) cuando el Ser encuentre una base en el propio Merecimiento; que le empuje a constatar el prodigio —excepcional— de que todo sea un Enigma, sí, pero esperanzador.

Que sólo puede adivinar y profundizar manteniéndose Disponible.

Y será únicamente en estas condiciones, cuando los hechos prodigiosos aparezcan de manera natural, a cada paso. Y la Vida, entonces, consiga ser un Milagro. Lo que supone, por lo tanto, que el Estilo que subsistía también habrá dejado de Ser. Convirtiéndose en algo diferente; difícil de imaginar. A no ser que se vislumbre que el ritmo existencial (de modo inevitable) transcurrirá dentro de un “Clima” temperado por la quietud y el Silencio (en contraste y por agotamiento de una fase dominada por la actividad estéril y el desorden compulsivo).

Un Silencio reflexivo; esencialmente orientado para asumir y Comprender. Con lo cual el Mundo —el Existir— (reduciéndose) puede que se vaya extinguiendo. Hasta acabarse del todo por lo que respecta al Hombre.

Y empezar otra etapa distinta, dentro del ámbito Absoluto infinito, imprevisible. Demostrándose que lo que cuenta, en rigor, es el Sentido. Y no el interjuego necesario, inevitable, de las meras apariencias. Que exigen ser integradas en formaciones de Presencia Creativa. Es decir, de la Obra de Arte.

Mayormente cuando “el misterioso prodigio del Sentido consiste en cómo algo nace de la Nada” (Yu-Tsing).

Lo que presupone que la Realidad de lo Existente —en tanto que Total (simultánea, esferizada)— no puede ser “Sentida”, percibida, en ninguna parte que no sea el Centro.

De ahí que la “Actitud” que hace posible el detectar y el Comprender sólo pueda situarse en el lugar —permanente, inalterable— donde se ubica la Conciencia. Que, alertada, disponible en medio del ámbito integral de las Posibilidades, va “sintiendo” —a cada instante— aquellas que se determinan. Y a su vez, en consecuencia, pueden ser advertidas, constatadas, en los términos de Tendencia y Condición en los que se muestran efectivas (a nivel Esencial o Fenoménico) dentro de la Esfericidad.

Entendido de ese modo (antes de toda Existencia) en el Origen (si es que se puede hablar de Origen), únicamente es factible referirse a la previa Indeterminación de la Posibilidad planteándose Disponible. Todo y Nada a la par.

Pero la Existencia —en tanto que limitada— inevitablemente tendrá que tender hacia la Nada o la Totalidad en sentido prioritario.

Partiendo, pues, de una u otra, la situación se presentaría tendenciada. Con lo que a nivel de Absoluto (únicamente virtual) se impondría la exigencia —determinativa— de un sentido o imperativo Compensatorio.

Y éste sería (en definitiva) el Planteamiento Inicial. El de una Tendencialidad (virtual) de lo Posible promoviendo —en algún aspecto— la proyección Contrapuesta.

A partir de la que el sentido exhaustivo que lo Total pre-comporta, puesto que los factores integradores son —tienen que ser— forzosamente limitados, no puede ser ni previsto ni intervenido.

Lo que impone el “Dejar Ser” como única premisa; limitándose a mantenerse Impecable y Disponible, para promover lo Mejor en función del Merecimiento. Mayormente cuando el Ser Humano (dentro de la infinita diversidad de las formaciones posibles) parece que —ya en principio— contaría con las Condiciones adecuadas para alcanzar la Plenitud.

Entre las que la “Actitud” (concienciadora) sería lo esencial. Produciéndose en estricta relación Complementaria en todos los aspectos. “Actitud” que sirve tanto para advertir y atenerse a lo “Real” como para regular y mantener el Equilibrio —a todos los niveles— dentro del Ser.

Consiguiendo un estado básico-permanente, que tiende a neutralizar las Tendencias entre los términos Opuestos.

Manteniéndose Disponible para ser tan sólo el Testimonio de lo “que es” y va siendo cuando se produce espontáneamente. Realizándose en puro Sentido y, por tanto, de Trascendencia, que culmina en Sensación Vivenciada. Por otra parte, cuesta admitir que, en rigor, la suprema Comprensión (la Sabiduría) pueda quedar reducida a nada más que a la justa “Actitud” y a la Conciencia consecuente. Así de simple. La “Actitud”, pues, se limita a poner en primer término la función de la conciencia, empezando por situarla en el único lugar adecuado en el que se pueda ejercer. Ateniéndose a ser el Centro. Rodeado del Contenido expansivo-esferizado de las Posibilidades. Si —como todo lo demuestra— la Posibilidad Realizable es Absoluta y el Ser —toda cosa— se manifiesta como un aspecto parcial y relativo que existe, precisamente, por ser su testimonio y exponente Unicitario (de manera gradual y progresiva), resulta evidente, entonces, que lo que cuenta en primer lugar tiene que ser la “Actitud” en la que el Ser —existencialmente— se mantenga. Para asumir y “Sentir” el conjunto de lo “que es” de modo a la vez simultáneo, sí, pero también evolutivo. Y así mismo exhaustivo. Integrándola en Ecuación de Sentido y Presencia Trascendente, que plantee (a cada instante) lo “que Es” y tenga que ser. “Actitud” que aportaría (y promovería) la Actuación correspondiente que toda cosa tiene destinada en principio. Con lo cual se anularía toda veleidad de decidir y de hacer, a remolque de una visión limitada y partidista; en rigor, subjetiva, irresponsable.

No haría falta, pues, nada más que atenerse a la “Actitud” como sintetización integral —imperativa— para vivir y para Ser en opción realizadora. Una Actitud que, al demostrarse correcta (es decir, disponible y objetiva), sea la que determine la vivencia “Climática” (espontánea, genuina) del Prodigio Trascendente.

No haciendo más que advertir y realizar aquello que lo Existente disponga. Nada más simple y exhaustivo a la vez, merecedor, suficiente. Sólo son, pues —tienen que ser—, la Actitud y la Actuación, las que tienen que contar en definitiva. Para hacer de la Vida una experiencia que conduzca igual a la Plenitud Suprema o a la más baja frustración. Diversamente sufrida o merecida de manera responsable; a remolque y a nivel de la Conciencia.

Por consiguiente, todo radica en Acceder; para Ser, para Realizarse. Y es éste el imperativo que debe orientar nuestro vivir. Hagamos que Todo y cada uno se produzca Disponible en expansión Creativa.

Merecimiento que nos aporte la certeza de no haber vivido en vano. Integrándose en la fluencia del Sentido que constantemente se renueva en Prodigio Trascendente.

Por tanto, en definitiva, toda la Problemática que plantea la Existencia se reduce a Comprender y realizar lo que se impone hacer. Concienciando la Presencia Objetiva de lo que Es, nada más que en Inmanencia Imperativa de Absoluto Determinable. Del que toda Posibilidad viene produciéndose en secuencia transformativa de Presencia. Que discriminándose en gradaciones de Sentido, creativamente va accediendo para integrarse en el Centro. O bien, vegetativamente, se desvirtúa dispersándose en Periferia. Para resolverse en Unidad que tiende a regular y armonizar tanto el exceso como la carencia en función Complementaria. Asumida y vivenciada de manera genuina, espontánea, Personal. Por tanto, sobre la base del Inicio y del Enigma que a fin de cuentas se impone, hay que considerar así mismo que la Existencia se plantea en una doble (simultánea) proyección; la que exige mantener al propio Organismo en permanente equilibrio —eficiente y salutífero— y la que reclama la “Ascesis”.

Equilibrio, pues, y Ascesis que respecto a la Salud y la estabilidad Psicofísica no son más que el resultado de una Contracción o Distensión compensatorias.

Y es que, en rigor, de lo que se trata es de “Sentir” la Totalidad (concienciada) en Hábito permanente. Vivenciándola en Presencia. Haciendo que así toda especie de Tensión o de Alteración de inmediato se encuentre neutralizada; Distendiendo la Contracción desde dentro hacia afuera.

En definitiva, pues, todo culmina (se inicia y se realiza) en la “Actitud”. Que presupone y determina la Conducta consecuente; la de la Impecabilidad, como factor de Principio. Que se limita a Vivenciar, evitando intervenir de manera interesada y ventajosa.

Ateniéndonos a que —de hecho— no sabemos nada, ni tampoco podemos saber nada antes de que las cosas sean. Limitándonos a mantenernos Conscientes a nivel de lo Objetivo.

De lo que todo lo demás (sea en el aspecto que sea) no puede ser más que un “Resultado”. Que nunca se podría considerar calificado para erigirse en “Principio”; es decir, en Causa Prioritaria.

Advirtiendo que cada Ser es una Entidad Sensible que se produce y reacciona en función de Sentido y de Conciencia. Siendo así, es propio que tengan que ser estos imperativos los que directamente puedan actuar y decidir en los casos y las situaciones en las que el Organismo se encuentra alterado o afectado —tanto por enfermedad como por accidente o decadencia— de forma altamente positivo-creativa.

Es evidente que la utilización de productos Médicos adecuados puede (de momento y en apariencia) proceder de forma más directa e inmediata. Pero a la larga todo demuestra que no dejan de presuponer una vida marginal, además de forzada, desviadora y en definitiva intrusiva. Que en muchos casos puede resultar negativa o inoperante. Lo que llevaría a considerar que las posibilidades de ordenación y recuperación genuinas, necesarias, ya se encuentran por naturaleza contenidas en el propio Organismo. Y que la cuestión no consiste en nada más que en saberse servir de ellas en la medida y en el momento adecuados.

Con la doble ventaja de que el solo hecho de limitarse a servirse de ellas ya presupone una “Ascesis”; al servicio de un más alto, más efectivo, sentido de Ser.

Más que nunca, pues, el Ser se tiene que habituar a no contar más que Consigo Mismo. En todos los aspectos; abocado a la máxima eclosión de las propias facultades. Que como sabemos son (y deben ser) Unicitarias. Y reclaman ser llevadas al máximo cumplimiento. Y es ésta la exigencia “real-lógica” que se impone como prioritaria en cada uno.

La cuestión está en aplicarse en vivenciarlas concienciándolas nada más que en estricta Sensación. Íntimamente asumida. Sin ningún tipo de lastre o servidumbre de signo acontencial. Utilizando únicamente lo que el instante pide.

Y será en la medida justa en que la cosa se produzca como la Presión Compulsivo-Tendencial quedará desasistida; para transformarse en pura, simple Trascendencia Sensitiva. Distendiéndose —disponible— integrada a lo Central.

Sensación que, en cada caso, presupone la conjunción (esferizada) de lo “Real” —exhaustivo— resolviéndose en vigencia Conciencial-Ecuacionada.

Resultando de la “Actitud” por la que el Ser asumiría, “Sentiría”, la Esfericidad propia circundante, condensándose en los “Puntos Clave” (Esenciales-Significantes) del:

 

Detrás                     Delante

(Condición)                       (Efectividad)

 

Derecha                  Centro                       Izquierda

(Determinación)  (Conciencia) (Virtualidad)

 

Arriba                     Abajo

(Imperativo)                      (Vigencia)

 

Y ésta debe ser la “Normativa” que se plantee como opción de la Existencia. La que nos lleve al Acceder para intentar realizarnos.

Haciendo que el nivel que existiendo se haya obtenido finalmente quede absorbido por la fluencia del Contenido Inmanente de lo Absoluto, que eternamente se renueva.

Y es así como la Existencia en cada Ser se justifica y se demuestra necesaria para obtener la validez suficiente; en función del Merecimiento.

No se trata, pues, de que al morir la realidad del Ser pueda verse proseguida “reencarnándose”.

Lo que sí se puede pretender es que el nivel del Sentido que se haya Concienciado sea un factor integrante del existir que se renueva.

Lo que es más que suficiente para instarnos (mientras estamos) a mantenernos vigentes en instancia Creativa.

Un aliciente que sólo se puede promover sirviéndose de la “Actitud” como factor decisivo para producir el Equilibrio.

Que exige sentirse “Ser el Centro”; dentro de la Esfericidad.

En vivencia simultánea y permanente. Eminentemente Disponible.

Por tanto, más que nunca me resulta evidente que el Existir únicamente tiene Sentido en función de la Vivencia. Es decir, de la experiencia Sensible.

Detectable en términos —Presenciales— de la estricta momentaneidad en la que se plantea y va prosiguiendo de manera evolutiva.

Ésta parece ser la Realidad; nada menos que el puro instante, adecuándose para ser y dejar de ser en constante transformación.

Siendo así, lo que queda sólo puede estar referido al contenido que la cosa manifiesta. Con objeto de ir constatando lo que pueda y tenga que ser; y tratar de adecuarse a ello. Absteniéndose o cooperando. A nivel de intuición.

Lo demás, en rigor, no nos incumbe. Será lo que tenga que ser dentro del Orden que rige; esencial, consecuente, siempre vigente. Ajustándose para producirse en estricta integración a todos los niveles. De manera suficiente.

Así pues, en toda interrogación respecto al puro Origen —radical— de lo Existente, lo único que me parece valioso consiste en referirse nada más que a la tendencia —virtual— de la Complementación, promoviendo la interacción de los aspectos Opuestos; integrándose en el objetivo (finalista esencial) de realizarse en Plenitud de Sentido y Trascendencia.

En consecuencia, convendría tener en cuenta que —desde siempre— nunca, en todo, ha dejado de presentarse un fallo indefectible; el de que en las cosas, los hechos, no se tiene en cuenta ni se dispone del Inicio radical. El del Puro Comienzo que, puesto a ser el Origen (de ser válido), lo sería ya de Todo.

Lo que conlleva que —a mí al menos— me cueste admitir que la cosa vaya así y no se vea su evidencia.

Y es ésta la situación que —de hecho— yo voy viviendo; la de vivir en un mundo que me parece absurdo, por cuanto persiste en ser sin la base de Origen.

Lo que conlleva que todo sea no sólo relativo, sino —lo que es más grave— ilusorio, inconsistente.

En la pesadumbre secreta de una existencia posible de Sentido y de prodigio permanente, sustentándose dentro del Orden; “Real-lógico” —exhaustivo indefectible—. A todos los niveles.

En el que la noción del Tiempo quedaría invalidada; estrictamente reducida a ser plenamente vivenciada. Nada más que en términos del Presente.

El Presente, aquello que se muestra efectivo renovándose constantemente al servicio de la vigencia. La evidencia —el puro milagro— del Sentido, trascendiendo; haciéndose efectivo. Por otra parte, evitando que nos presionen la incitación o excitación de las cosas que nos seducen o nos enervan. Hay que suprimir las molestias.

Y con ellas, los estados consecuentes de Tensión o Confusión. Cosa que en sí ya supone despotenciarlas, limitándose a considerarlas a nivel de lo Objetivo.

Asumiendo y Distendiendo el contenido del Sentido o la Presencia que se plantea, Concienciándola desde el Centro.

Y eso es todo lo que hay que hacer. Cuestión (en rigor culminativa) de una forma de entender y —así mismo— también de Ser y actuar.

En la que nos resulta evidente la vigencia excepcional de una Presencialidad trascendiéndose como una existencia aparte, al margen del mundo de los Hombres. Silenciosa, sugerente. Desplegándose y transformándose estática y disponible, en mensajes siempre inéditos.

Escasamente advertidos y, qué decir, menos aún vivenciados en aquellas Sensaciones insólitas, inefables, en las que la Vida se despliega y se nos revela si nos mantenemos alertados.

Lo que lleva a deducir que, en el fondo, los Humanos persistimos en producirnos marginados en una situación difícilmente superable. Por cuanto nos lleva a considerar nuestra limitación como siendo soberbiamente autosuficiente en sí misma por encima de todo lo demás.

Una manera muy ingenua e irresponsable de entender la Realidad, como se puede ir advirtiendo a la vista de los resultados. Aquellos que lamentablemente quedan patentes —más o menos inevitables— en el vivir interior de cada uno.

En los que el Ser, lejos —muy lejos— de proseguir una existencia exaltante, realizadora, generalmente no hace más que mantener una precaria deriva frustrante; a remolque de apetencias y de anhelos gratuitos y ventajosos; sin Sentido ni ilusión.

Lejos de llegar a sospechar la Unidad de lo Existente que se plantea en la total relación de unas cosas con otras. Es decir, nada menos que Unidad de Unicidades.

Detentoras de un sentido propio de ser por el que se vuelven imprescindibles. Con la sola condición de mostrarse radicalmente genuinas.

Siendo así, la posible “Primacía” es algo muy relativo. Que únicamente puede contar en función de la Ecuación.

Aquella que determina su Sentido en términos de Trascendencia.

Habiendo de concluir que nunca la Divinidad podría ser la “Causa Primera”. Sino, por el contrario, el resultado culminativo de una “Ascesis” infinita. La de la búsqueda permanente hacia la suprema Plenitud. Produciéndose esencialmente en las fases de:

 

Presencia   Trascendencia         Sensación

(de Sentido)          (Ecuacionada)          (Vivenciadora)

—y de Plenitud—

(Realizadora)

 

En este sentido, según me decía hace poco un Psiquiatra, “la Gente” ahora se queja de que “en la cama resulta que no se entienden”. Lo que no deja de ser altamente sintomático. Aportando la evidencia de que —se quiera o no— se tiene que ir produciendo un “cansancio”, una falta de interés, no ya solamente en la “cama”, sino en todo cuanto usurpa una importancia, un prestigio, que no dispone de la base Creativa suficiente.

Creatividad entendida en el sentido de una básica curiosidad, fundamentada en un permanente imperativo de evolución y renovación.

Y es que a nivel del imperativo meramente instintivo-sexual (por excitante o fascinante que se nos muestre al principio), el hábito —a más corto o largo plazo— tiene que acabar minando y despotenciando su atractivo y su consistencia.

Para acabar convirtiéndolo —como mínimo— en algo indiferente y aburrido, hasta llegar a hacerse incluso repelente e insoportable. Y es que no es insignificante la moda —en aumento acelerado— de las “Separaciones”. Que van convirtiéndose en un síntoma altamente advertidor de la tónica que actualmente ya se va imponiendo.

Lo que llevaría a concluir que, a pesar de que parece que ni siquiera se sospecha, en el fondo de cada uno y de las cosas se va afianzando un anhelo, una necesidad de mayor contenido humanístico —emotivo, que removería un poso quizás endurecido desde siempre— que exige volverse fluyente y practicable.

Demostrando que la Vida —a fin de cuentas— tiende a tener un Sentido; un mínimo anhelo de Ser. Y que la vacuidad imperante —más pronto de lo que parece— impondrá los objetivos de una mayor exigencia (simplemente transformativo-evolutiva, a todos los niveles). Una transformación que seguramente produciría modificaciones decisivas en aspectos fundamentales. En los que el Amor retendría y mantendría una dignidad que —es inevitable— en las relaciones erótico-sexuales se halla suplantada por el estricto incentivo del Poseer y el Disfrutar.

Haciendo que el amar (en el anhelo que promuevan la atracción y el sortilegio del Sentido y la Belleza) no pueda dejar de mostrarse en vehemencia Integradora; trascendente, Espiritual.

Así —muy al contrario del contacto Sexual—, la necesidad de amar, de Acariciar, de Besar, correspondería a una instancia de Total Entrega y Sublimación.

Y respecto a las relaciones erótico-sexuales, en el caso concreto de que la fascinación atractiva se produjera en términos excepcionales, creo, considero que la evolución de la Actitud subyugada no dejaría tampoco de producirse, adoptando una nueva orientación. Más profunda y más sensible. En rigor, más exigente; más atraída por un anhelo de Plenitud exhaustiva, excepcional.

Transformando lo que siempre se había movido con ahínco y obsesión insaciable, posesiva, sublimándolo en estado permanente de suprema admiración y adoración.

Es decir, la que parece poder deducirse (desde ahora mismo) de los distintos indicios que se pueden ir advirtiendo.

Dentro de la Esfericidad de lo “Real” Absoluto, presionado entre el Arriba y el Abajo, de la Derecha (por Detrás) proyectándose hacia la Izquierda en proceso Concienciador, el contenido se transforma.

Prosiguiendo dentro de un “Orden” —inalterable— de Sentido Compensatorio que se plantea (indefectible) en función de Plenitud entre los términos Opuestos. De la Periferia al Centro, en Ascesis permanente Unicitaria.

Y éste es Todo el Sentido que sustenta la Existencia —el Imperativo de Realizarse Todo y Nada a la vez para llegar a Ser.

Lo máximo que se pueda Ser para volver al “Punto de Partida”, el de la Posibilidad —no determinada— que se plantea en Puro Enigma. El del “Qué”, el del “Cómo”, el del “Para Hacer Qué”.

Interrogantes exhaustivos que justifican el Vivir; no sabemos si ilusorios o efectivos. Pero que se impone Merecer, con lo cual ya es suficiente.

Lo que cuenta es mantener la “Actitud” Disponible y Equilibrada: haciéndolo de ese modo, Todo se integra dentro del “Orden” creativo, realizador. En el que todo empuja para “Dejar Ser” evitando intervenir (si no es para cooperar) dentro del Misterio Vigente, de modo espontáneo, disponible, intuitivo.

Advirtiendo que el Existir únicamente tiene Sentido (Razón de Ser) en tanto que sustancia en Presencia Creativa. Sustancialmente Esferizada de los Aspectos Fundamentales:

 

Centro: Conciencia

Periferia: Manifestación

Detrás: Virtualidad

Delante: Efectividad

Izquierda: Condición

Derecha: Determinación

Arriba: Espíritu

Abajo: Materia

 

Resolviéndose en niveles de: Presencia (Esencial y Significación Climática) en función de Ascesis: Integradora, o de Deriva: Dispersiva.

Y según se planteen la Participación y la Ecuación de estos Aspectos, la Imagen que resulte siempre será en cada caso la de la Realidad vigente.

Aquella que dará la tónica de su Tensión o de su Desequilibrio. Que deberán ser regulados y adecuados a las premisas del Sentido que se impone hacer efectivo.

Y es que, en rigor, no hay otra especie de Realidad que no sea Esferizada. Siendo así, la asimilación de los Elementos y aspectos en los que toda Esfera se encuentra constituida resulta ser simplemente lo Esencial. Es decir, EL SUPREMO Conocimiento imprescindible.

Aquella que nos impone mantener la Distensión sustentándose en el Equilibrio Compensado. Proyectándose interiormente y simultáneamente hacia Arriba y hacia Abajo. Del Centro (por la Izquierda) expandiéndose hacia el Delante Periférico. Y, por la Derecha (a la inversa), en el Detrás. Sin esfuerzo ni tendencia de ninguna clase.

Ésta podría ser la “Actitud” definitiva: la del Orden-Simplicidad y Distensión, al servicio de la Conciencia Objetivada, Responsable. En función de Merecimiento y Plenitud.

 

CONCLUSIONES DEFINITIVAS

 

Como visión general, considero conveniente insistir en lo que de hecho se resume en cuestión obsesiva, fundamental; intentar saber el Qué, por qué Causa y Sentido la Existencia se plantea y determina. Un Enigma, un Interrogante que se mantiene siempre vigente.

Si bien no obstante es —tiene que ser siempre— la intuida Sintetización de la Presencia la que tenga que establecer la vigencia del Sentido y prevalecer; y sólo de ese modo poder llegar a formular los conceptos y los resultados (admirables) de las Ciencias.

Sin que pueda, sin embargo, producirse ningún tipo contradicción o de conflicto. Sino precisamente lo contrario: que se sostengan y se confirmen mutuamente.

Haciéndolo de ese modo, la Existencia no se hallaría escindida; sino jerárquica, creativamente integrada y promovida para hacer de ella (a todos los niveles) una “Obra de Arte”.

Así pues, no se trataría de otra cosa que del imperativo de Sentido y Trascendencia, planteándose en estricta problemática Creativa, esencial.

Toda la cuestión, por tanto, está en saber si —como Einstein intuía— existe la posibilidad de que se llegue a establecer una “Ley” Universal, definitiva; que corresponda y garantice la vigencia de un Orden Integral; indefectible a todos los niveles.

Ya que lo único que en el fondo se adivina como vigente es la realidad de un “Orden y unas Leyes” inamovibles. Directamente promovidos en función del Absoluto.

No se puede negar, sin embargo, que la “Ciencia” (y en general todo posible Conocimiento) concluye así mismo en “Resultados” de Orden práctico-efectivo. Un nivel imprescindible para el Hombre; en principio limitado, condicionado. Pero el error no radica en que la Ciencia y las aplicaciones que de ella se derivan puedan ser aprovechadas en el nivel correspondiente. Sino en que este conjunto de Conocimientos pasen a ser Prioritarios. Para acabar acaparando, influyendo y suplantando a los genuinos imperativos de Comprensión y de Creativa Realización que se muestran indispensables.

Y es aquí donde queda patente la Revisión radical que va siendo inexcusable; la de promover que sea la Comprensión la que establezca a la Ciencia. Ya a partir de los cimientos. Planteándose en la Realidad de una Presencia Objetiva (no de un Conocimiento Razonador-deductivo) que nos plantee a cada instante el Sentido del “qué Es”. Presencia que se nos revele —por virtud intuitiva— disponible en la estricta Sensación.

Un existir indesignable en el que Todo, surgiendo de la Nada, al final regresa a la Nada. Pero no inútilmente; ya que el Sentido evalúa y se distingue por la Ascesis positiva de las cosas.

La única muestra tangible de que el Vivir no se va; a pesar de no saber adónde lleva. Y aquí está la maravilla; la de la Finalidad. Que siempre pide más. Para acabar —si es que acaba— por reencontrar al Absoluto; pero ahora Espiritualizado. Sin más allá posible. Y es esto lo que al Hombre (considerado como especie de excepción) le convendría entender; meramente la Posibilidad (la Opción de Ser) de que dispone con la Existencia para transformarse en Espíritu. Creo que se trataría en el fondo de una estricta cuestión de Sensibilidad y Comprensión. En la que —como siempre— veo que se entiende (se intenta entender) a partir de unos supuestos o comprobaciones Científicas que a menudo se contradicen. Y, a partir de ellas, se monta y desenvuelve todo el Sistema Universal.

Que es concebido y se pretende que tenga que corresponder (necesariamente) con la Realidad. Haciendo que una vez más nos reencontremos con el Enigma inevitable; con la incógnita del “Qué” —del Cómo—, para “qué Fin”. Es decir, con la estricta cuestión del Sentido y su (suficiente) “Razón de Ser”. Pero una vez atrapados en las premisas —Científicas—, ya no hay manera de escapar; y es así como se van detallando las series de sus correlaciones y consecuencias exclusivas. Sin tener en cuenta —ni por un momento— que el Existir corresponde al Absoluto exhaustivo. Y que, por tanto, se deja de considerar la parte, si no opuesta, sí la que se mantiene escindida de la Ciencia. Simplemente la del Espíritu y sus Sensaciones reveladoras. Advirtiendo que entre unas y otras hay (tiene que haber), si lo Existente es Total, una conexión inescindible, consecuente, planteándose en función de Prioridad.

Prioridad que no puede por menos que conducir a una convicción de radical Unicidad; de toda cosa. Que pre-comporta la noción de lo Absoluto y de su “Orden” integral, indefectible, ejerciéndose a todos los niveles, en todos los aspectos; que promueva y regule el “Proceso de lo Existente”.

Y es sólo de ese modo como el Enigma se puede entender. Es decir, puede ser abordado, acercado, sin pretender cambiar su planteamiento; iniciándose en la “Nada” para asumir lo Total. Lo Total que —para ser tal— exige que toda cosa detente la parte inédita que “lo Real” le reserva y que resulta indispensable. Y es así —sólo así— como la Organicidad de lo Existente se produce sin fallas.

Nada más que por el simple hecho (la única “Ley”) de que, siendo exhaustivo, “lo Real” se Complementa compensándose mutuamente; inédito y Creativo. Prosiguiendo con la exclusiva trayectoria que le oriente hacia la propia Plenitud.

La que le tiene que conferir la estricta “Razón de Ser” que —de forma definitiva— sea lo que lo justifique y le asigne una misión indispensable; la de Ser lo que puede Ser. El caso es que la Existencia se concluye en el instante (Presencial) en que se determina o vivencia. Pero este contenido “Climático” que plantea, ¿de dónde proviene?

Al parecer no podría ser otra cosa que la conjunción de la propia Existencia transformándose constantemente en función de los aspectos parciales; diversamente Creativa o Frustrante. Sería siempre la Totalidad, pues, la que determinaría la Realidad de lo que Es. Influyéndose y condicionándose mutuamente. Haciéndose evidente que la actuación —parcial— de Todo cuanto Es sea en rigor responsable del Existir en general. Ya a partir de toda cosa y de cada uno.

Enfrentados, pues, al Enigma, el Existir sólo tiene una alternativa: la de limitarse a vivir sin ninguna responsabilidad, aferrándose al Ventajismo en todos los aspectos, o bien, a la inversa, “sintiendo” la Presencia de un “Orden” —Absoluto, Inmanente indefectible— asumiéndolo en Instancia Personal; Religiosa, Creativa.

Lo que me lleva a sospechar —me resulta evidente— que la Existencia que vivenciamos exige ser revisada.

En principio, socialmente. Y en consecuencia obligada, a nivel Familiar y finalmente Personal.

Empezando por invertir los términos de su Ordenación. Es decir, situando en primer lugar (irrenunciablemente prioritario) la experiencia Personal. Teniendo siempre en cuenta que existimos, nos producimos, para llegar a Ser; lo mejor, lo más completo que pueda ser. Lo que exige mantenerse disponible y liberado de la ingente acumulación de premisas y servidumbres sociales que nos condicionan y oprimen.

Imponiéndonos —ya por principio— todo un Código de “Leyes” y de Tendencias (generalmente interesadas, coercitivas) que nos limitan de manera decisiva; obstruyéndonos la Ascesis y la expansión de nuestras posibilidades más genuinas, creativas.

Conviene, pues, Invalidar en primer lugar la unidad Matrimonial y la procreación de los Hijos como misión destacada; socialmente indispensable. Que se superpone —en todos los aspectos— al libre desarrollo de la actuación —irrenunciable— del Propio Ser, Unitario.

En este sentido, la relación amorosa entre sexos complementarios debería poder ser ejercida y fomentada en la más amplia —pero a su vez responsable— libertad.

Entonces la Procreación pasaría inadvertida, convirtiéndose en “resultado” natural. Y a fin de cuentas, sería controlada por el Organismo Social.

Que regularía tanto la Cantidad como la Calidad y su justo —adecuado— desarrollo. De acuerdo con los imperativos generales que la eficacia social exigiría. Es así como todo Ser contaría con las máximas posibilidades. Y nunca podría producirse un exceso degenerativo en ningún aspecto. Dando como resultado previsible una forma de Colectividad Social altamente ejemplar y Creativa.

Liberada de la arbitraria Competitividad que hasta ahora (y desde siempre) ha venido predominando. Entonces el existir presupondría producirse en intensidad vocacional en tanto que extrema “Opción de Ser”.

Con lo que la Vida obtendría un Sentido de Calidad insospechada; que ofreciéndose —indistintamente— a cada uno, invalidaría toda forma de negatividad.

Planteándose más que nunca en Ascesis Creativa por instancia Trascendente que se resuelva en Obra de Arte. En función de lo Absoluto, resolviéndose en Puro Espíritu.

La Creatividad, pues, se nos revela como el Objetivo Esencial. En el que todo intento de realización sólo puede iniciarse a partir de un Sentimiento o una Vivencia. Pero jamás a remolque de una Temática o de una Argumentación. Resultando indiferente que se plantee Abstracta-Naturalista o Neutralizada. Ya que lo único que cuenta es lo Plástico en sí; en el que se contienen las Posibilidades —exhaustivas— del Sentido y la Expresión. Una Presencia que exige producirse en instancia de Armonía. Resolviéndose (Prioritaria) en los términos suficientes de:

 

- Ubicación - Magnitud - Proporción -

- Estructura - Tendencia - Densidad -

- Discriminación - Luminosidad - Tonalidad -

- Compensación - Ecuación - Trascendencia -

 

Siendo así, dentro de las múltiples orientaciones en que el Saber y el Comprender —en general— pueden enfocarse, todo lleva a constatar que serían la Realización y la Creatividad Artística las que resultarían más imperativas en términos de Formación Educadora.

Debido a que ya en sí mismas presuponen la máxima garantía (reguladora-normativa) de Armonía y Plenitud a la que toda clase de Realidad debería estar referida como la máxima a considerar y calificar de cuantas podemos disponer.

Siendo de ese modo, la Ascesis para la Comprensión de la Creatividad (lejos de ser el atributo de una irrisoria minoría “elitista”) debería situarse a nivel de aplicación generalizada. Que resolviéndose en la justa expresión (acentuada o atenuada) resulta imprescindible para comunicar un contenido que sólo puede ser vivenciado íntimamente de manera directa, Personal: tanto por el propio Creador como por el simple espectador.

De ahí que el Objetivo de la Realización tenga que ser la Significidad resolviéndose en los 12 Aspectos básicos de lo Plástico Expresivo; aplicables a cualquier formación o situación de lo Existente. Haciendo que una Obra responda al interrogante —definitivo— de por qué se considera Válida o no válida. Y dejarlo demostrado. Así (en cualquier nivel de Existencia) el imperativo decisorio debería ser el de Crear (Componer) a partir de los factores fundamentales de lo “Plástico” exhaustivo. A fin de hacer vivenciable el “Clima” Significador que se pretende realizar. Resolviéndolo —Ecuacionado— en función de Trascendencia.

Evitando que toda clase de consideración Temática o Argumental interfiera o se imponga como factor predominante. Otro nivel íntimamente relacionado con lo que precede se refiere a las vivencias, intuiciones y revelaciones de lo Sensible. Que en los Seres, más que ser diferentes, no tienen nada en común, haciéndose evidente que la mayoría —en rigor— resultan inexistentes. Puesto que en su lugar lo que acostumbra a producirse es la secuencia permanente de las percepciones y deducciones razonadoras de la actividad mental.

Así pues, nos encontramos con que el ámbito de las Sensaciones se muestra sutil y delicado. Receptivo a situaciones y fenómenos que —para la inmensa mayoría— no se producen. Pero que, no obstante, “están” y además aparecen de forma prioritaria, destacada. Exponente de que sólo puede ser percibido y vivenciado en virtud del puro “Sentir”.

Pero dentro de esta gradación calificadora, los niveles que se producen son siempre el resultado de la Belleza y la Armonía realizándose en “Obra de Arte”. Todo radica, pues, en concretar el Imperativo “Climático-Creativo” ajustándolo, transmutándolo en sortilegio de Presencia y Trascendencia Ecuacionada. En la que el Centro (la Conciencia del Ámbito Esferizado) determina el Sentido de:

 

El Arriba                El Abajo

(Imperativo)                      (Vigencia)

Detrás                     Delante

(Posibilidad)                     (Efectividad)

La Derecha                        La Izquierda

(Determinación)  (Virtualidad)

 

Asignando a cada uno el Factor Plástico Fundamental adecuado a cada caso.

Lo que tiene que contar, por tanto —de manera decisiva—, es (tiene que ser) la: - Simplicidad - la Discriminación - la Acentuación - resolviéndose en Vigencia Ecuacionada.

 

Y de hecho eso ya es Todo. De lo que se trata es de “Sentir” (Cooperando) guiándose por la Intuición. Lo demás vendrá solo. Ateniéndose como “Ley” y Normativa a los impulsos tendenciales de la Complementación entre los términos Opuestos. Y mantenerse Impecable. “Accediendo” a fin de Ser; lo mejor que se pueda Ser. En función de Merecimiento. Hay que evitar confundir la Realidad con los fenómenos que comporta. Los de la Vida, por ejemplo. A todos los niveles.

Se debería advertir que los “Fenómenos” no son (no pueden ser) más que “resultados”; relativos siempre. Y a menudo ilusorios. Y que el lenguaje (la terminología) de las Ciencias únicamente puede ser evaluable en su propio campo de actuación. De ahí que, Objetivamente considerada, la Realidad sea, se nos aparezca como Enigma.

I que, en esta situación, la “Actitud” del Ser (de la entidad sensible) sea limitarse —estrictamente— a contemplar y “Dejar Ser”. Ateniéndose simplemente a cooperar con objeto de ayudar a Ser. Y haciéndolo de este modo, justificar la Vida Propia. Única manera en que pueden ser sobrepasadas las infinitas limitaciones que advertimos y acceder —gradualmente— a niveles de Realidad insospechadas. Adentrándose en la pura Realidad de la Presencia. Asumiéndola en “Lo que Es”, Simple-Clara-Prodigiosa. Dado que lo más perturbador es que el Ser Humano se haya venido autoasignando una importancia indemostrable; excesiva a todos los niveles. Lo que le ha llevado a “vivir aparte” de la Realidad Objetiva. Como si la suya fuera la Realidad; o cuanto menos, la Prioritaria. Lo que en rigor está muy lejos de ser así.

En definitiva, no existe otro camino para iniciarse en la Sabiduría y asumir la Comprensión que el que imponga el Comenzar por el Puro Comienzo. Aquel estado en el que nada aún se encuentra determinado; y nada más que a partir de él —por conexiones sucesivas— va integrándose en “Lo Real” por resultados consecuentes más y más Complementados (Compensatorios) que plantean “lo que Es” en vigencia de Sentido y de Presencia gradual (Trascendente-Reveladora) en función de lo Sensible.

Es ésta la Base decisiva, suficiente. De la que toda forma de Conocimiento y Enseñanza debería ser el resultado lógico, adecuado. Con lo que se conseguiría una espectacular Simplificación y eficiencia generalizadas, que comportarían de manera natural el “Orden” estricto, responsable a todos los niveles. Y la Vida —Personal o Colectiva—, obligatoriamente, se tendría que mostrar Creativa y Diversa en todos los aspectos.